experimentemos

Las vacunas que (NO) provocan autismo.

Posted on: enero 23, 2014


Los fraudes pueden ser en ocasiones mucho más peligrosos, sobre todo cuando se pone en peligro la salud de las personas. En 1998, un grupo de científicos anunciaron en Londres que un estudio que habían publicado en una importante revista científica, The Lancet, relacionaba la vacuna tripe viral (sarampión, parotiditis y rubéola) con la presentación de los síntomas de autismo (es un espectro de trastornos caracterizados por un grave déficit del desarrollo, permanente y profundo. Afecta la socialización, la comunicación, la imaginación, la planificación y la reciprocidad emocional, y evidencia conductas repetitivas o inusuales. Los síntomas, en general, son la incapacidad de interacción social, el aislamiento y las estereotipias (movimientos incontrolados de alguna extremidad, generalmente las manos)), lo que produjo una caída en el número de niños vacunados, con el evidente peligro que ello suponía. Sin embargo, posteriormente se descubrió que el investigador principal había recibido una importante suma de dinero de una asociación de niños con autismo, que podría utilizar dicho estudio como prueba en un juicio contra la compañía productora de dicho fármaco

En la actualidad muchos dicen que ninguna vacuna provoca autismo pero otros muchos aseguran que sí

¿Que pensáis vosotros?¿Producen autismo o no?

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Aquí os dejo un vídeo muy interesante donde explica como se siente un niño con autismo

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1 Response to "Las vacunas que (NO) provocan autismo."

¿Que pensáis vosotros?¿Producen autismo o no?
Hola muy buenas a todos y a todas, yendo al grano, a tu pregunta respondo:
que no todas las vacunas producen autismo y que pienso que a día de hoy se a progresado en la medicina y que son muy estrictos en sus pruebas y que habrían pocos fallos y efectos secundarios.

P. ¿El autismo es causado porque los niños reciben demasiadas vacunas muy pronto?
R. Varios hechos hacen que sea poco probable que los bebés reciban demasiadas vacunas en sus primeros años de vida. En primer lugar, antes de ser autorizadas, las vacunas nuevas son siempre evaluadas, solas o en combinación con otras vacunas existentes. Estos estudios determinan si las vacunas nuevas alteran la seguridad y la eficacia de las vacunas existentes y, a la inversa, si las vacunas existentes afectan a la vacuna nueva. Estos estudios, llamados estudios de uso concomitante, se realizan cada vez que se agrega una nueva vacuna al programa de vacunación actual. En segundo lugar, a pesar de que el número de vacunas ha aumentado significativamente durante el siglo pasado, el número de componentes inmunológicos de las vacunas en realidad ha disminuido. Hace 100 años, los niños recibían solo una vacuna: la vacuna contra la viruela, que contenía unos 200 componentes inmunológicos. Actualmente, con los avances en la purificación de proteínas y la tecnología del ADN recombinante, las 14 vacunas que se dan a los niños pequeños contienen solo unos 150 componentes inmunológicos. En tercer lugar, el desafío inmunológico que plantean las vacunas es minúsculo comparado con lo que los bebés enfrentan en su vida diaria. El útero es estéril; no contiene bacterias, virus, parásitos ni hongos. Sin embargo, cuando los bebés salen del útero al mundo exterior, son colonizados de inmediato por billones de bacterias que viven en el revestimiento de la nariz, la garganta, la piel y los intestinos. Cada bacteria contiene entre 2,000 y 6,000 componentes inmunológicos. Los bebés frecuentemente desarrollan una respuesta inmunológica contra estas bacterias lo que impide que invadan el torrente sanguíneo provacándoles daño. El desafío que representa las vacunas es pequeño en comparación con el desafío de su entorno. En cuarto lugar, los niños tienen una enorme capacidad para responder a los desafíos inmunológicos. Susumu Tonegawa, biólogo molecular que ganó un premio Nobel por su trabajo, demostró que las personas tienen la capacidad de producir entre 1000 millones y 100 mil millones de diferentes tipos de anticuerpos. Dado el número de componentes inmunológicos que contienen las vacunas modernas, un cálculo conservador sería que los bebés tienen la capacidad de responder a alrededor de 100,000 vacunas diferentes al mismo tiempo. Si bien esta cifra suena astronómica, cuando se considera el número de desafíos que los bebés enfrentan a partir de las bacterias de su entorno, no lo es. Esta es otra forma de comprender la diferencia de magnitud existente entre los desafíos inmunológicos de las vacunas y los desafíos naturales del entorno. La cantidad de bacterias que viven en las superficies del cuerpo se mide en gramos (un gramo es el peso de aproximadamente un quinto de una cucharadita de agua). La cantidad de componentes inmunológicos que contienen las vacunas se mide en microgramos o nanogramos (o sea, millonésimas o milmillonésimas de un gramo).

P. ¿Qué riesgo tiene posponer o no poner las vacunas a mi bebé?
R. Un estudio reciente realizado por Michael Smith y Charles Woods demostró que los niños que fueron vacunados durante su primer año de vida no eran más propensos al autismo que los niños cuyos padres habían decidido posponer la vacunación. Además, toda la evidencia demuestra que las vacunas no causan el autismo. Por lo tanto, posponer o no poner las vacunas no disminuirá el riesgo de autismo. Solo aumentará el período de tiempo durante el cual los niños se encuentran en riesgo de contraer enfermedades prevenibles con vacunas. Varias de estas enfermedades, como la varicela, la tos ferina (pertussis) y el neumococo (que causa infecciones del torrente sanguíneo, neumonía y meningitis) siguen siendo bastante comunes. Posponer o no poner las vacunas solo aumenta el tiempo durante el cual los niños corren un riesgo innecesario de sufrir infecciones graves y, en ocasiones, mortales.

P. ¿Cuáles son los síntomas del autismo?
R. Los síntomas del autismo, por lo general aparecen durante los primeros años de vida, incluyen problemas de comportamiento, habilidades sociales y la comunicación. Específicamente, los niños con autismo podrían tener dificultades para interactuar socialmente con sus padres, hermanos y otras personas, para ello es preciso realizar una conducta repetitiva, se debe entrenar física y mentalmente y demostrar preocupación por las actividades y presentar una sensibilidad acentuada a los ruidos y sonidos. Puesto que los trastornos del espectro autista varían en el tipo y la gravedad de los síntomas que ocasionan, dos niños con autismo podrían no presentar los mismos síntomas.

P. ¿Qué causa el autismo?
R. No se conoce la causa o causas específicas del autismo en todos los niños, pero una cosa es clara: los trastornos del espectro autista están estrechamente vinculados a la genética. Los investigadores llegaron a esta conclusión a través del estudio de hermanos gemelos. Descubrieron que cuando un gemelo idéntico tenía autismo, la probabilidad de que el segundo gemelo tuviera autismo era superior al 90 por ciento. Pero cuando un hermano mellizo tenía autismo, la probabilidad de que el segundo mellizo tuviera autismo era inferior al 10 por ciento. Dado que los gemelos idénticos tienen genes idénticos y los hermanos mellizos no, estos estudios demostraron la base genética del autismo. Más recientemente, los investigadores identificaron exitosamente algunos de los genes específicos que causan autismo. Algunos padres se preguntan si los factores ambientales, definidos como todos los factores no genéticos, pueden causar autismo. Es posible. Los investigadores descubrieron, por ejemplo, que la talidomida, un sedante, puede causar autismo si se la utiliza durante los primeros meses del embarazo. Además, si una mujer embarazada contrae rubéola (sarampión alemán) durante los primeros meses del embarazo, su bebé tiene más probabilidades de presentar autismo.

P. ¿La vacuna SPR causa el autismo?
R. No. En 1998, el investigador británico Andrew Wakefield planteó la teoría de que la vacuna SPR podía causar autismo. En la revista médica The Lancet, este investigador presentó las historias de ocho niños que desarrollaron autismo y problemas intestinales poco después de recibir la vacuna SPR. Para determinar si la sospecha de Wakefield era correcta, los investigadores realizaron una serie de estudios comparando cientos de miles de niños que habían recibido la vacuna SPR con cientos de miles de niños que nunca habían recibido la vacuna. Descubrieron que el riesgo de desarrollar autismo era el mismo en ambos grupos, por lo tanto, la vacuna SPR no causó autismo. Algunos padres tomaron con cautela esta cuestión y dejaron de vacunar a sus hijos. Bajaron los índices de vacunación, particularmente en Reino Unido y, en cierta medida, en Estados Unidos, y hubo brotes de sarampión y paperas que resultaron en hospitalizaciones y muertes que pudieron haberse prevenido.

P. ¿El timerosal causa el autismo?
R. No. Múltiples estudios han demostrado que el timerosal de las vacunas no causa el autismo. El timerosal es un conservante que contiene mercurio y solía usarse en las vacunas para evitar que se contaminaran. En 1999, los grupos de profesionales exigieron que se eliminara el timerosal de las vacunas como medida de precaución. Lamentablemente, la vertiginosa supresión del timerosal de casi todas las preparaciones multidosis de la vacuna contra la gripe asustó a algunos padres. Esta recomendación también confundió a los profesionales de salud. Desde la supresión del timerosal, se han llevado a cabo varios estudios para determinar si el timerosal causa el autismo. Cientos de miles de niños que recibieron vacunas que contenían timerosal fueron comparados con cientos de miles de niños que recibieron las mismas vacunas sin timerosal. Los resultados fueron claros: el riesgo de autismo fue el mismo en ambos grupos: el timerosal en las vacunas no causó el autismo.
Los estudios que demuestran que ni la vacuna SPR ni el timerosal causan el autismo, llamados estudios epidemiológicos, son muy sensibles. Los estudios epidemiológicos han demostrado que una vacuna contra el rotavirus que se usó entre 1998 y 1999 en los Estados Unidos causó oclusión intestinal en 1 de cada 10,000 personas vacunadas; que la vacuna contra el sarampión causó una reducción del número de células necesarias para detener las hemorragias (plaquetas) en 1 de cada 25,000 personas vacunadas y que una vacuna contra la gripe porcina que se usó en los Estados Unidos en 1976 causó un tipo de parálisis llamada síndrome de Guillain-Barré en 1 de cada 100,000 personas vacunadas. Aproximadamente 1 de cada 100 niños en los Estados Unidos recibe un diagnóstico de un trastorno del espectro autista. Incluso si las vacunas hubieran causado autismo en solo el 1 por ciento de niños con autismo el problema habría sido fácilmente detectado por los estudios epidemiológicos.

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