experimentemos

Piquete educativo

Posted on: octubre 30, 2013


24 de octubre de 2014.  Huelga contra la LOMCE.

8’10 h.:  Llego al Insti temprano, un poco más que otros días, y alguno de los habituales madrugadores ya han llegado.  Pero hay otros nuevos que madrugan hoy.  No creo que sea porque se les ha olvidado imprimir un examen o porque tienen que preparar alguna actividad.  El alumnado durante los dos días previos ha brillado por su ausencia (el primer día, 22 de octubre hicieron huelga 1.144 alumnos de 1574, es decir, un 73 %;  el segundo día 1.347, un 86 %;  el tercero, 1.456, un 93 %).  No quieren, quizá, pasar por el piquete que les invita a no colaborar con Wert.  ¿Cómo se sentirán?  ¿Por qué aceptan cobrar sin trabajar?

8’15 h.:  empiezo el piquete.  Solo.  Está oscuro y llovizna.  El parking casi vacío, no hay alumnos en las puertas esperando.  Dos años de huelgas, de lucha, de debates, de enfados, de perder amistades entre el profesorado.  Cada vez más alumnos en clase, cada día menos compañeros (y empiezo a pensar en los que conozco que aún no tienen trabajo), menos dinero para la pública.  Hago el piquete, en parte por ellos, porque algunas son grandes profesoras y merecerían trabajar de continuo porque tienen mucho que aportar.  De ellas he aprendido.

Por qué hago un piquete, por qué no me quedo en casa, calentito, y luego me voy a dar una vuelta por Polvoranca o por el Retiro, por qué no aprovecho para hacer papeles o tareas caseras de las que siempre se dejan para otro momento.  Porque me encanta mi trabajo, porque intento no faltar nunca, porque una huelga es algo muy serio, es dejar de hacer lo que me gusta.  Hago piquete porque hago huelga, no juerga.  Porque pienso que hay que dar ejemplo con la actuación personal y que con ella también, o sobre todo, se educa.  Por coherencia.

8’17 h.:  llegan 7 alumnos a participar en el piquete.  Alucino.  Es la primera vez.  Recogen carteles y se ponen, nerviosos e inseguros, en los alrededores de la puerta.  Van entrando algunos profes y se les dice que hay huelga de toda la comunidad educativa (padres, madres, alumnos, conserjes, profesores, …) contra la Ley Orgánica de Mejora de la Educación (LOMCE), que estamos contra los recortes, que sean solidarios, que no apoyen a Wert, que no le mantengan.

La mayor parte no contesta, otros saludan, algunos nos sonríen.  Otros bajan la cabeza.  Salen piques personales.  Los alumnos callan y ponen ojos de no entender.

8’20 h.:  llega un compañero del año pasado, ahora en otro Insti.  Le había invitado de broma, sin esperanza de que viniera.  Él ha aceptado.  Nos abrazamos.  Es un compañero, en el sentido pleno.  En su insti parece que no van a hacer piquete, pero que un porcentaje muy alto de profesores va a hacer huelga (en el Insti hemos sido, al final, hemos sido 42 profesores de 117, sólo el 35’9 %).  Alumnos 1, profes 0.

Se unen dos alumnas más.  9 alumnos y 2 profes.  Estoy feliz.  Feliz porque hacer piquete es hacer huelga de manera activa, comprometida.  Es dar la cara, dar ejemplo, compartir otra actividad que puede y debe ser educativa, formativa, de la que podemos aprender en conjunto.

Un grupo de alumnos de ciclos discute si entrar o no  ¿Avanzarán temario si entran, lo avanzarán si no hay nadie en clase?  Al final deciden entrar y les pedimos nuevamente que luchen por su educación, por la calidad, por su futuro, contra los recortes.

Un profe del insti en el piquete, 8 alumnos del insti.  Alumnos 2, profes 0.

Alumnado, 3 días de huelga;  profesorado uno.  Alumnos 3, profes 0.  Goleada.

¿Deben luchar ellos, lo debemos hacer nosotros, deberíamos hacerlo juntos?

Siguen las sorpresas.  Pregunto a una alumna del piquete de qué curso es y me dice que no es de este Insti.  Es de un privado.  Pero ella quiere protestar porque le parecen mal la LOMCE y los recortes.  Alucino.  Alucino mucho.  De once personas en el piquete, dos son de fuera.  Miro al punki pero no me ve.  A ver si me acuerdo de decirle luego que quizá sí hay futuro.

8’25 h.:  los alumnos toman la iniciativa:  hay otras puertas, nos podemos repartir.  Qué bonito.

9 h.:  les invito a entrar para seguir trabajando en el piquete.  Les propongo leer sobre la LOMCE y hacer carteles para ponerlos por las clases.  Aceptan pero dudan de si les van a dejar pasar, de si luego les dejarán salir, de si podrán estar donde quieran.  Les digo que no pienso que haya problema y por dentro me corroe la pregunta de que de quién es el Insti, si no es del alumnado.

De 9h. a 10’45h:  leemos la LOMCE, nos repartimos 22 temas polémicos de la ley y consultamos en internet para aclararnos.  Surgen los debates, las dudas.  Usan sus teléfonos para consultar información, funcionan en grupitos con soltura.  Un par de chicas se lanzan directamente a buscar puntos a favor de la LOMCE, parece que va a haber debate.

Me siento orgulloso, todos trabajan sin protestar, con dedicación.  Son un piquete.  Un piquete educativo, en un centro educativo, en una huelga educativa.  Son lo que hay que ser.

Luego nos tomamos un descanso para desayunar.  Charlamos sobre nosotros, lo que hacemos, lo que nos gusta.

11’15 h.:  segundo piquete en la puerta del Instituto.  Salen los profes y los escasos alumnos de ciclos a tomar café.  Les invitamos a secundar la huelga.  La Directora, entre risas, dice que se van a inmolar.  Una profesora entra y nos dice que la LOMCE tiene mejores cosas que la ley actual.  Mis respetos, es la única persona que declara su postura favorable a la LOMCE, ha tenido valentía, la misma que nosotros al dar la cara contra la LOMCE.

11’40 h.:  seguimos trabajando haciendo carteles hasta casi las 14 horas.  Parece que se van contentos.  Ojalá.  Seguramente no valoran en su justa medida lo que han hecho, y es normal.  Es la primera vez que hacen una huelga en su centro de enseñanza, la primera vez que dan la cara, de esta manera, ante sus profesores y compañeros.  Han sido activos y comprometidos.  Mucho más que la media del profesorado y de las personas para las que hacer huelga es quedarse en casa y luego, como mucho, ir a la manifestación.

En una huelga por la educación pública y de calidad, contra los recortes en materia educativa, hemos hecho un piquete educativo.  Educativo porque hemos participado ejerciendo los derechos que poseemos y porque hemos trabajado para saber más.  Educativo porque hemos elaborado materiales que queremos compartir con las clases, con el resto del alumnado y del profesorado.  Educativo porque nos hemos pensado y debatido la educación que queremos en el futuro y lo que valoramos del presente.  Educativo porque hemos construido con nuestro esfuerzo y compromiso una manera propia de estar en la huelga.  Educativo porque hemos dado ejemplo y con él educamos.

Después de tantas huelgas y sinsabores en los últimos años me voy a casa pensando cómo serán estos alumnos en el futuro, qué tipo de ciudadano serán, si se dejarán, como las generaciones actuales, pisotear sus derechos sin hacer nada.

Sólo han sido 9.  Aunque quizá la próxima vez sean más.  Quizá haya esperanza.

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