experimentemos

Pesca de pequeños cetáceos

Posted on: mayo 13, 2012


Hace bien poco estuvimos hablando en clase sobre los problemas que causa la sobrepesca en nuestros océanos de especies que van desde pequeñas sardinas hasta grandes ballenas pertenecientes a numerosas especies distintas. Sin embargo, existe una caza media de la que se suele hablar en menor medida, que es la de pequeños cetáceos incluyendo delfines mulares, delfines listados, delfines de flancos blancos, delfines moteados, falsas orcas, calderones… la mayor caza masiva de estas especies tiene lugar hoy en día en Taiji, un pequeño pueblo situado en Wakayama, Japón. Desde hace muchos años se lleva practicando este tipo de actividad, pero es menos el tiempo que está en conocimiento multitudinario de la prensa e internet.  Japón, país inminentemente pesquero, caza delfines para venderlos como carne de ballena a sus ciudadanos, aunque no es ese el único beneficio que se saca de este tipo de pesca, ya que de los pods de cetáceos que se acorralan también se hace una selección de unos cuantos ejemplares que son destinados a acuarios mayoritariamente chinos y japoneses. Estos acuarios alegan que solo ayudan a salvar algunos individuos, por lo que su actividad es beneficiosa, pero mientras el resto de delfinarios del mundo están reproduciendo delfines en ambientes controlados para evitar su captura en el medio natural, ellos están contribuyendo a que la matanza de delfines japonesa continúe año tras año y que cientos de pequeños cetáceos sean asesinados en cada sesión, ya que el mayor sustento económico de ello es la venta de animales vivos y no la venta de animales muertos.

En 2009, Ric O’barry, ex entrenador de la famosa estrella televisiva Flipper, lanzó un documental titulado The Cove sobre la caza de delfines anual en Taiji. Gracias a este documental, esta práctica llegó a cada esquina del mundo y al menos más gente se enteró de lo que allí sucedía, provocando, además, una gran afluencia de activistas y ecologistas que reportan lo que cada día sucede en la cala (de ahí el título del documental) donde los cetáceos son capturados y sacrificados.  El documental tiene, a mi parecer, un gran pro, y es ser el primero en hablar sobre este tema. Sin embargo, el afán de Ric O’barry por cerrar todos los delfinarios del mundo le lleva a ofrecer información errónea y jugar con las imágenes para poner al público de su parte. En general recomiendo que lo veáis a pesar de contar con algunas escenas de cámara oculta verdaderamente duras.

Un delfín recién importado al nuevo Kyoto Aquarium procedente de Taiji.

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