experimentemos

Invertir en la vida

Posted on: diciembre 14, 2010


“Cada año, las enfermedades infecciosas matan a 11 millones de personas en los países empobrecidos, lo que equivale a 30.000 muertes diarias. Muchos mueren porque son pobres y no pueden pagar el alto coste de las medicinas esenciales”.
“Cómo lograr el acceso a medicamentos esenciales a través de prácticas empresariales responsables “.

Existen serias deficiencias en las actuales iniciativas de las industria
farmacéutica para garantizar el acceso de las poblaciones pobres a
los medicamentos. Las compañías buscan en los mercados
emergentes el modo de apuntalar unos resultados económicos cada
vez más débiles. Sin embargo, estos países necesitan de forma
desesperada medicamentos asequibles y adecuados. Es el momento
oportuno para adoptar un enfoque nuevo y audaz. La industria farmacéutica debe poner el acceso a los medicamentos en el núcleo
de sus prácticas y de sus decisiones. A largo plazo, no sólo sería una
estrategia empresarial más sostenible, si no que permitiría al sector privado desempeñar mejor su papel en el acceso universal a la salud.
El acceso a los medicamentos es fundamental para que las personas
alcancen su derecho a la salud. Pese a que la responsabilidad principal de
garantizar el acceso a la asistencia sanitaria recae sobre los Gobiernos, el
papel de la industria farmacéutica a la hora de porporcionar un elemento
básico – los medicamentos – acarrea sus propias responsabilidades.
En 2002, Save the Children, el VSO (Servicio de Voluntariado en el
Extranjero) y Oxfam publicaron “Más allá de la Filantropía”,un informe que
exhortaba a la industria farmaceútica a contribuir en la solución de la crisis
sanitaria en los países en desarrollo. Este informe desafiaba a la industria a
tomar medidas en cinco áreas: fijación de precios, patentes, iniciativas
conjuntas público-privadas, investigación y desarrollo, y el uso adecuado de los medicamentos. Desde la publicación del informe, la industria
farmacéutica ha avanzado de forma vacilante en algunas de estas áreas,
principalmente mediante la adopción de modestas políticas para promover
el acceso a los medicamentos para enfermedades predominantes, tales
como el VIH/SIDA, la tuberculosis y la malaria.
Sin embargo, continúa siendo inmenso el desafío que plantea garantizar
que millones de personas pobres consigan los medicamentos que
necesitan. Esto se debe a la aparición de nuevas enfermedades y la
reaparición de algunas ya existentes; a la amenaza de epidemias; y a la
creciente carga que representan las enfermedades no transmisibles en los
países en desarrollo. La malaria se cobra la vida de un millón de personas
cada año, de las cuáles la mayoría son niños y mujeres embarazadas.

Dos millones de personas mueren cada año a causa de la tuberculosis. La mitad de las muertes por cáncer en todo el mundo tiene lugar en países en
desarrollo. La Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que la
incidencia del asma está creciendo un promedio del 50 por ciento cada diez
años en ciudades del mundo en desarrollo.

En la actualidad, los elevados
precios dejan fuera del mercado farmacéutico al 85 por ciento de la
población mundial.

Las medidas adoptadas hasta ahora por la industria farmacéutica no
abordan adecuadamente el problema. Entre las principales deficiencias
están las siguientes:
• el fracaso a la hora de aplicar mecanismos sistemáticos y transparentes de precios diferenciados (tiered-pricing) para los medicamentos de valor terapeútico que consume la población pobre de los países en desarrollo, de modo que los precios se establezcan en función de fórmulas estándar que reflejan la capacidad de pago y el precio de las versiones genéricas allí donde existan;
• la falta de investigación y desarrollo (I+D) para abordar la escasez de
productos específicos para enfermedades que afectan sobre todo a las personas pobres de los países en desarrollo. Esto incluye la formulación
o preparación de medicamentos que sean aplicables y utilizables en el
mundo en desarrollo. Entre 1999 y 2004 sólo han aparecido tres nuevos
medicamentos para tratar enfermedades ‘olvidadas’, de entre 163
nuevas entidades químicas (NCE, en sus siglas en inglés).
la persistente falta de flexibilidad en lo que toca a la protección de los
derechos de propiedad intelectual. En algunos casos, incluso un lobby
activo a favor de unas reglas más estrictas sobre patentes, así como
iniciativas legales contra los Gobiernos que hacen uso de las salvaguardas de salud pública contempladas en el ADPIC (Acuerdo de Propiedad Intelectual de la Organización Mundial del Comercio). Con ello se impide el acceso de las personas pobres a versiones genéricas
baratas de medicamentos esenciales.
• un peso excesivo de las donaciones de medicamentos, que son
impredecibles por naturaleza y provocan el caos en el mercado de
medicamentos de bajo precio, socavando la competencia de genéricos.
Oxfam considera que las compañías farmaceúticas podrían contribuir de
forma más signficativa y eficaz al acceso a los medicamentos de la
población pobre en los países en desarrollo. Existen tres factores que han impedido que la industria farmacéutica avance en la buena dirección:
En primer lugar, las compañías han buscado estrategias que abordan el
acceso a los medicamentos simplemente como un problema de reputación, lo que ha generado enfoques fragmentarios ad hoc, más que soluciones sostenibles.
En segundo lugar, las respuestas de la industria farmacéutica a sus
menguantes resultados económicos (subir los precios, defender sus
patentes de forma agresiva y prolongar las ya existentes a través de la
práctica del “ever-greening”, en lugar de invertir en la investigación y el
desarrollo de nuevos medicamentos) han socavado la necesidad de
precios más bajos, de enfoques flexibles en materia de patentes y de
inversión en I+D para enfermedades predominantes en el mundo en
desarrollo.
En tercer lugar, la industria farmacéutica ha sido incapaz de reconocer el acceso a los medicamentos como un derecho humano fundamental consagrado en el derecho internacional, así como de aceptar que las compañías tienen responsabilidades en este contexto. También esto ha
impedido la adopción de estrategias adecuadas.
Es evidente que la industria farmacéutica está siendo presionada para que cambie su actitud. El aumento de las cargas financieras sobre los sistemas de salud, debido al envejecimiento de las poblaciones y a los costes que representan las enfermedades cambiantes, alientan los llamamientos a favor de precios más bajos tanto para el Norte como para el Sur. Se pide a la industria farmacéutica que sea más transparente en la justificación de sus precios, con el fin de que los Gobiernos y los defensores de la salud pública puedan exigir un mayor alineamiento entre los precios fijados y la capacidad de pago de los usuarios. Se critica tanto el sistema de propiedad intelectual como la influencia del mercado en las políticas de desarrollo de nuevos medicamentos, por su incapacidad para proporcionar la auténtica innovación que necesitamos para hacer frente a la crisis mundial de la salud pública.
Al mismo tiempo, los inversores están visiblemente preocupados porque
esta industria no proporciona los beneficios que dio en el pasado, y se mira a las economias emergentes como una posible solución a este problema.

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